Vivencias: Madrid a sazón del feriado bancario del 99 en Ecuador.

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“Somos la consecuencia viva del feriado bancario de los 90”.

 Las consecuencias sociales del mayor éxodo del Ecuador siguen vivas hoy en día: historias de vida de las personas migradas.

 ORNELLA FRANCO BASS 

 

Doctoranda Universidad Complutense de Madrid./

Madrid, 27 de mayo de 2018.

    Recuerdo, como si fuese ayer, aquél 8 de marzo de 1999, yo tenía ocho años. En las noticias narraban con ansiedad que la economía del país acababa de entrar en crisis, que los bancos cerraban sus puertas, que los ahorros no se devolvían y que las personas empezaban a reunirse, disgustadas, en plazas y calles centrales de la ciudad de Quito para protestar.

    Yo en ese momento no sabía que aquello me marcaría potencialmente, desconocía que aquél proceso daría un vuelco irreversible al curso de mi vida. Tras esta depresión económica las consecuencias sociales se sucedieron tanto a un nivel macro como a un nivel micro, afectando de múltiples formas a muchas vidas humanas. Algunas de ellas fueron: la quiebra generalizada de la estructura financiera ecuatoriana; un endeudamiento mayor por parte del Estado con el fin de obtener liquidez que ralentizara dicha quiebra; la devaluación de la moneda nacional con la entrada del dólar; índices preocupantes de inflación; por todo ello, el aumento de bienes y servicios; así como, el incremento de las tasas de desempleo; que junto a una inestabilidad política; se sucedieron elevados índices de pobreza; pero lo que fue más llamativo, es que se produjo una masiva fuga de familias a otros países como Estados Unidos, Italia o España, entre otros, dando un total de cerca de dos millones de personas emigradas desde la década de los 90 hasta el 2000.


     Mi familia entraba en esa cifra, yo estaba dentro de esos dos millones de personas. La migración ecuatoriana somos la consecuencia viva del feriado bancario de los 90, porque viajamos con la esperanza de encontrar un hogar menos convulso dado que, los acontecimientos políticos de aquella época eran trágicos, pero también por la necesidad de hallar cierta estabilidad laboral y emocional. Es así como, el migrar se convierte en una elección, en parte, externa de los individuos dado que, se ven forzados a salir de sus países, ya sea por causas políticas, económicas, medioambientales o por conflictos armados. Para posteriormente, afrontar un proceso largo y complejo de adaptación al país de acogida.

   En mi caso particular, al llegar a España tuve que habituarme a un nuevo entorno, a un ambiente que, para mí, se mostraba hostil. Había dejado todo mi mundo atrás, había tenido que despedirme de amistades, de familiares, de muchas de mis costumbres, de sabores y olores que me remitían a la idea de hogar. Incluso, el sentimiento de pertenencia a un lugar, fue algo a lo que tuve que renunciar en ese momento pues mi mundo, como lo conocía, había pasado a ser otro. Este proceso aún sigue latente en mí, porque a pesar de que llevo 17 años en España, lugar en el que me he educado escolarmente hasta llegar a la universidad; además de socialmente, adoptando muchos hábitos y tradiciones propias del país, sigo extrañando fuertemente el lugar en el que nací. Por desgracia, mi experiencia vital está llena de anécdotas racistas contra las que he tenido y sigo teniendo que luchar. Pero es el apoyo de mi entorno, tanto el que se halla en Ecuador como el que he generado en España (familiares y amistades), el que me brinda con total desinterés, todo su calor, amor y una increíble generosidad para que yo pueda seguir adelante.


   Mi infancia, es el mejor recuerdo que guardo de mi país porque fue la época más feliz de mi vida, pero la transformación a nivel identitario a la que me he visto expuesta es lo que me ha marcado. Así, me defino como mujer, joven, ecuatoriana y desde hace unos años, también emigrante, pero todo ello, no me avergüenza, todo lo contrario, me ha hecho más fuerte porque forma parte de quien soy, de mi identidad.

   Al contarte mi historia persigo dos objetivos: el primero, es recordarte que los procesos políticos, económicos y sociales, tienen resultados vivos en la conformación identitaria de muchas personas como es mi caso; y segundo, que mi proceso migratorio me ha hecho ver que ante estos acontecimientos las personas debemos de ser solidarias.

   Son complejas las causas que hacen que una familia abandone su país, pero cuando lo hace, la mejor muestra de humanidad es el respeto, la solidaridad y la empatía.