Te traigo Madre a los niños engañados y explotados, a los desempleados...

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El Papa mira a la Inmaculada de Plaza de España en Roma


El Papa reza por los más pobres y desvalidos ante la Inmaculada de Roma

"Te traigo, Madre, a los niños, especialmente aquellos solos, abandonados, que por ese motivo son engañados y explotados"

Pide por los que realizan un "trabajo indigno" y por los que no tienen trabajo

José Manuel Vidal, 08 de diciembre de 2016 a las 15:42
Necesitamos tus manos inmaculadas, para acariciar con ternura, para tocar la carne de Jesús en los hermanos pobres, enfermos, despreciados, para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila
Inmaculada de Plaza de España/>

(José M. Vidal).- Francisco cumple la tradición papal desde hace 63 años, inaugurada por Pío XII en 1953 y se rinde a la Plaza de España, para homenajear a la Inmaculada. Con el añadido, muy suyo, de la posterior visita a la Salus Populi romani. En su oración, pide por los más débiles: los niños solos y abandonados, los que no tienen trabajo o tienen que realizar un trabajo indigno, asi como por las familias del mundo. Para que no caigamos en el desánimo.

Tanto la embajada de España, como el palacio de Propagandi Fidei lucen sus mejores galas, en uan tarde soleada. Francisco llega en un pequeño Ford y es recibido por el vicario de Rima, cardenal Vallini, y por la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi.

La oración comienza con el canto del Avemaría, interpretada por el coro del Vaticano. Ante el Papa, un micrófono y una pequeña alfombra. En la plaza como en los aledaños no cabe un alfiler.

Texto íntegro de la oración del Papa a la Inmaculada

Oh María, nuestra Madre Inmaculada,
en el día de tu fiesta vengo a ti,
y no vengo solo:
Traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me ha confiado,
en esta ciudad de Roma y en el mundo entero,
para que tú los bendigas y los salves de los peligros.

Te traigo, Madre, a los niños, 
especialmente aquellos solos, abandonados, 
que por ese motivo son engañados y explotados.

Te traigo, Madre, a las familias,
que llevan adelante la vida y la sociedad
con su compromiso cotidiano y escondido;
en modo particular a las familias que tienen más dificultades
por tantos problemas internos y externos.

Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres,
Y te encomiendo especialmente a quien, por necesidad,
se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno
y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas
con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías.

Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.

Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura,
para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, enfermos, despreciados,
para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos de tus pies inmaculados,
Para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te damos gracias, oh Madre, porque mostrándote a nosotros
libre de toda mancha de pecado,
Tú nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros,
está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.

Haz que no cedamos al desánimo,
sino que, confiando en tu ayuda constante,
trabajemos duro para renovarnos a nosotros mismos,
a esta ciudad y al mundo entero.

¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!


Tras la oración del Papa, se cantan las letanías de la Virgen María, mientras dos oficiales vaticanos depositan un gran ramo de rosas blancas, con la cinta del Vaticano, a los pies de la columna de la Inmaculada. El Papa imparte la bendición y, después, el coro canta la antífona "Tota pulchra", en medio de un silencio orante.

El Papa saluda a las autoridades, entre ellas, al embajador de España ante el Vaticano, y, a continuación, se dirige a abrazar a sus enfermos, que llenan la plaza y las calles adyacentes.

Al término de los saludos, el Papa se dirigirá a la basílica de Santa María la Mayor, para honrar a la Virgen 'Salus populi romani'.


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