Sacerdote que no se olvida de donde el Señorlo sacó y lo llamó

Todas las noticias

Cuando estaba a punto de suicidarse se encontró con Dios en una vieja iglesia

De drogadicto y sin techo a cura, los feligreses del padre Paradis son ahora la gente de la calle

De drogadicto y sin techo a cura, los feligreses del padre Paradis son ahora la gente de la calle
Claude Paradis fue ayudado por el que ahora es el arzobispo de Montreal

ReL

17 enero 2017

El padre Paradis centra su apostolado en llevar a Cristo a los sin techo de Montreal. Pocos mejor que él pueden entender qué sienten estas personas porque fue uno de ellos. Cuando estaba a punto de suicidarse tuvo un fuerte encuentro con Dios que le llevó al sacerdocio y ahora, tal y como recoge Aciprensa en este reportaje, ha fundado la institución Nuestra Señora de la Calle:

El sacerdote Claude Paradis fue un indigente en las calles de Montreal, en Canadá, y vivía inmerso en el alcohol y las drogas. Ahora tiene un apostolado para ayudar física y espiritualmente a los sin techo, mujeres dedicadas a la prostitución y a los presos.

"La calle me llevó a la Iglesia, y la Iglesia finalmente me trajo de vuelta a la calle", dijo el sacerdote al periódico Journal Metro.

Un apóstol para la gente de la calle
El pasado diciembre y como una muestra de su cercanía y solidaridad con los sin techo, el presbítero decidió dormir durante todo el mes en la calle y atender a la gente con solidaridad y caridad. Su idea de acompañar a las personas en esa difícil situación buscaba mostrar que se puede salir de la miseria y encontrar un sentido a la vida.

Además quiso concienciar a los ciudadanos de Montreal sobre la dura realidad de la gente que vive en la calle, siguiendo el llamado del Papa Francisco.

El  padre Paradis fundó una institución llamada Notre-Dame-de-la-rue (Nuestra Señora de la Calle). A diario, especialmente por las noches, va por la calles de la ciudad entregando comida y abrigo a los pobres acompañado por uno de sus colaboradores, Kevin Cardin, que también fue adicto a las drogas, cambió su vida y ahora tiene una familia.

El sacerdote también imparte los sacramentos, celebra la Eucaristía e incluso preside funerales.

"Una presencia de la Iglesia para reconfortar"
Esta iniciativa cuenta con el respaldo del Arzobispo de Montreal, Christian Lépine, y ha sido definida por el arzobispado como “una presencia de la Iglesia para reconfortar”. También tiene el apoyo de las autoridades de Montreal.

“Nuestra misión es principalmente llevar consuelo”, señaló el padre Paradis y dijo que “nosotros somos los que vamos al encuentro de la gente, es como un servicio puerta a puerta. Hablamos con ellos, oramos juntos antes de que ellos regresen a la dureza de la calle”.


Claude Paradis creó la institución Nuestra Señora de la Calle con la que ayuda a personas sin hogar

Adicto a la cocaína y al crack
Paradis sabe lo dura que es la vida en la calle. Nació en Gaspésie, en la costa de Québec y trabajó como enfermero en Cowansville. A los 25 años llegó a Montreal y nunca encontró empleo. En ese momento “el aislamiento y la desesperación comenzaron a invadirme”.

Tuvo que vivir en la calle y pensó en quitarse la vida. “Comencé a consumir cocaína y luego pasé al crack”.

En una carta, publicada en el sitio web La Victoire de l'Amour (la victoria del amor), el padre Paradis contó cómo fue su encuentro con Dios.

Su encuentro con Dios en una vieja iglesia
“Tuve el privilegio de encontrar a Dios justo en el momento en que dudaba de él. En una pequeña calle de Montreal, abandonada por los hombres, donde no había nadie. Pasé delante de una vieja iglesia, y llevado por algún instinto entré”.

En ese momento tuvo un encuentro profundo e intenso con Dios. Se dio cuenta de que no quería morir y quiso convertirse “en un hombre de la Iglesia”. El sacerdote luchó contra sus adicciones y conoció providencialmente al entonces sacerdote Christian Lépine, que sería nombrado Arzobispo de Montreal en 2012, quien fue la persona que lo ayudó a encontrar el sentido de su vida, y quien finalmente lo ordenó sacerdote.

El presbítero de 57 años ha rechazado la idea de ser párroco porque “es en la calle donde quiero estar, hasta la muerte”.
 
www.religionenlibertad.com