Sínodo de obispos, más espacio para escuchar a los fieles

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Cambia el Sínodo de los obispos; más espacio para escuchar a los fieles

La constitución apostólica de Francisco estabiliza las modalidades que se han utilizado en los últimos años: consultar al “pueblo de Dios”, más atención a la fase de aplicación concreta después de las asambleas 

AFP

El Papa con un grupo de obispos en la Plaza San Pedro 

Pubblicato il 18/09/2018
Ultima modifica il 18/09/2018 alle ore 11:03
CIUDAD DEL VATICANO

 

  

El Papa Francisco quiere que las asambleas del Sínodo de los obispos involucren al “pueblo de Dios”. Con la constitución apostólica “Episcopalis communio”, firmada el 15 y publicada este martes 18 de septiembre de 2018, el Pontífice retoca las reglas para las asambleas de los obispos. Los Sínodos serán el resultado de una consulta extendida de los fieles en las diócesis y la Secretaría general será involucrada y estará presente también en la fase de aplicación concreta después de las discusiones. 

  

El Sínodo de los obispos, uno de los frutos del Concilio a pesar de ser «antiquísimo en su inspiración», fue instituido el 15 de septiembre de 1965 por el beato y dentro de poco santo Pablo VI, que permitió una asociación más directa entre los pastores de las diócesis y el Papa, puesto que cada obispo «posee simultánea e inseparablemente la responsabilidad por la Iglesia particular encomendada a su guía pastoral y la preocupación por la Iglesia universal». También el Sínodo de los obispos, explica Francisco, «está llamado, como cualquier otra institución eclesiástica, a convertirse cada vez más en un canal adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la auto-preservación». 

  

La institución sinodal ha ido evolucionando gradualmente con el paso del tiempo. Desde que comenzó su Pontificado, Francisco ha prestado «una particular atención» al Sínodo y a su «desarrollo»: «Lo que debe animar esta obra de renovación es la firme convicción de que todos los pastores están al servicio al pueblo santo de Dios, al cual ellos mismos pertenecen en virtud del sacramento del Bautismo». 

  

El Papa insiste que, como afirma el Concilio, los obispos «cuando enseñan» en comunión con el Pontífice «deben por todos ser escuchados» y los fieles seguir con juicio «el trabajo» de su obispo. Pero también es verdad que la vida de la Iglesia y en la Iglesia es para cada obispo la condición para el ejercicio de su misión de enseñar». De esta manera, el obispo «es contemporáneamente maestro y discípulo». Es guía y pastor, pero «es también discípulo cuando, sabiendo que el Espíritu ha sido donado a cada bautizado, escucha la voz de Cristo que habla a través de todo el pueblo de Dios», que, como totalidad de los fieles, «no puede errar en el creer». El obispo, pues, debe «caminar delante» de su grey, indicando el camino, «caminar en medio, para reforzar» al pueblo en su unidad y «caminar detrás para que nadie se quede atrás», pero, sobre todo, «para seguir el instinto que tiene el pueblo de Dios para encontrar nuevos caminos». La «voz de las ovejas» debe ser escuchada también mediante los órganos diocesanos que tienen la responsabilidad de aconsejar al obispo. 

  

«También el Sínodo de los obispos –escribe Francisco– debe convertirse cada vez más en un instrumento privilegiado para escuchar al pueblo de Dios». Y, puesto que «en su composición se configura como un organismo esencialmente episcopal», no vive «separado del resto de los fieles»; es, por el contrario, «un instrumento adecuado para dar voz al pueblo de Dios entero». 

  

Por ello es «de gran importancia» que en la preparación de los Sínodos «reciba una atención especial la consulta de todas las Iglesias particulares». En esta primera fase, los obispos, siguiendo las indicaciones de la Secretaría General, «someten las cuestiones que serán afrontadas en la asamblea sinodal» a los sacerdotes, a los diáconos y a los fieles laicos de sus Iglesias, «tanto individualmente como asociados, sin descuidar la preciosa contribución que puede provenir de los consagrados y de las consagradas». Es fundamental «la aportación de los organismos de participación de la Iglesia particular, especialmente el consejo presbiteral y el consejo pastoral, a partir de los cuales puede comenzar a tomar forma verdaderamente una Iglesia sinodal». 

  

Después de esta consulta entre los fieles, durante la celebración del Sínodo viene «el discernimiento por parte de los pastores», unidos «en la búsqueda de un consenso que surge no de lógicas humanas, sino de la común obediencia al Espíritu de Cristo». Teniendo presente el “sensus fidei” del pueblo de Dios, mismo que los obispos «deben saber atentamente distinguir de los flujos a menudo mutables de la opinión pública». Que el Sínodo tenga normalmente una función consultiva «no disminuye su importancia», puesto que su fin «es siempre la búsqueda de la verdad o del bien de la Iglesia». 

  

Después de la celebración del Sínodo debe seguir «la fase de su aplicación concreta», con el objetivo de poner en marcha «en todas las Iglesias particulares la recepción de las conclusiones sinodales», aprobadas por el Papa. Porque «las culturas son muy diferentes entre sí y cada principio general requiere ser inculturado, si pretende ser observado y aplicado». 

  

Pueden ser llamados al Sínodo incluso personas que no sean obispos. Y la misma asamblea del Sínodo puede llevarse a cabo en varios periodos «distintos». La misma Secretaría General, en la fase post-sinodal, «promueve por su parte, junto con el dicasterio competente», la aplicación concreta «de las orientaciones sinodales» aprobadas por el Pontífice.  

  

También gracias al Sínodo de los Obispos será «más claro» que, en la Iglesia hay «una profunda comunión tanto entre los pastores y los fieles, siendo cada ministro ordenado un bautizado entre los bautizados», como entre los obispos y el Papa, que es un «obispo entre los obispos, llamado al mismo tiempo –como Sucesor del apóstol Pedro– a guiar la Iglesia de Roma que preside en el amor todas las Iglesias. Esto impide que cada sujeto pueda subsistir sin el otro». Precisamente «animando una conversión del papado» que lo vuelva más fiel a las «necesidades actuales de la evangelización», el Sínodo, explica Francisco, «podrá contribuir a su manera en el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos». 

  

En el texto de la constitución (que contará con una instrucción para su aplicación) se incluye una lista de artículos detallados con disposiciones viejas y nuevas. Entre ellas está la posibilidad de que la Secretaría General promueva «la convocatoria de una reunión pre-sinodal con la participación de algunos fieles». 

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