Rebelión de un grupo de clérigos contra el Sumo Pontífice

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ENSAN EN UN MODELO DE IGLESIA EXCLUSIVA DE UNOS POCOS Y ARISTOTÉLICAMENTE DICOTÓMICA"

Son 300, pero fueron muchos más

La carta en sí no deja de ser una burda forma de declarar que los problemas están situados "ad extra ecclesiam"

JUan Paiedo, 29 de mayo de 2018 a las 10:43 
Los 300 espartanos
Los 300 espartanos
O eres de los nuestros o no eres Iglesia porque nosotros somos los santos guardianes de la quintaesencia del Evangelio

(Juan Pablo Somiedo).- Cuentan que 300 fue el número de espartanosque resistieron valientemente ante oleadas de enemigos persas para garantizar la libertad de las polis griegas. El sacrificio de unos pocos en aras de la libertad de todos. Maravilloso cuento con moraleja para los niños, pero los que sabemos un poco de la guerra y el tema militar sabemos que la historia la escriben los vencedores y que en la guerra suele haber muy pocos valientes pero sí muchos oportunistas.

Hablando de oportunistas y de guerra, lo cierto es que hace unos días, cual repentina tormenta arrasadora, al Papa Francisco le han salido 300 curas para enmendarle la plana. Son del ala conservadora dicen por ahí, cuando, en realidad, en la iglesia católica solo debería haber dos alas, que no son otras que la razón y la fe. Critican, sobre todo, la postura del Papa ante temas de carácter moral y sexual pero parecen pasar por alto o no importarles demasiado otras cosas "ad intra ecclesiam" mucho más preocupantes.

Piensan en un modelo de Iglesia exclusiva de unos pocos y aristotélicamente dicotómica. En esto, Santo Tomás, les gana por la mano. Nadie mejor que el doctor angélico supo darse cuenta de que el mejor sustrato para un edificio teológico era la lógica aristótelica bivaridada. O eres santo o eres pecador. Al santo se le eleva a los altares y al pecador se le condena. ¿Y quién debe decir quién es santo y quién es pecador?. Lo han adivinado. Los 300.

Claro que resulta curioso comprobar cómo grandes santos y fundadores de órdenes tales como San Agustín o San Ignacio de Loyola o, mucho antes, el mismo San Pablo, no respetaron esa lógica de contrarios y prefirieron ser pecadores antes y después santos. Y es precisamente esta lógica de contrarios lo que pretenden defender estos sacerdotes con su carta. O eres de los nuestros o no eres Iglesia porque nosotros somos los santos guardianes de la quintaesencia del Evangelio.

La carta en sí no deja de ser una burda forma de declarar que los problemas están situados "ad extra ecclesiam", que fuera de la Iglesia no hay salvación y que la Iglesia se ve abocada a la condenación con un Papa que se muestra comprensivo y tolerante con ciertos temas de carácter moral y sexual. Pero la historia de la Iglesia nos enseña que, frecuentemente los problemas están dentro de la institución y no en los fieles. Y me temo que eso es precisamente lo que está sucediendo.

Y ya puestos a criticar a Papas, podríamos retrotraernos al origen del problema. La deriva de la Iglesia que hoy contemplamos empezó mucho tiempo atrás, no con el Concilio Vaticano II como algunos sostienen, sino con Juan Pablo II. Hoy estamos viendo las consecuencias de su papado. Su pontificado fue excepcional en cuanto política exterior, pero fue un verdadero desastre de puertas para adentro. Los seminarios empezaron a convertirse en lo que son hoy en día, la escasez de vocaciones hizo que se aceptara de todo con tal de cuadrar los números. Y si no que se lo pregunten al cardenal Rouco cuando llenaba plazas enteras apoyándose en Kiko Arguello.

A los obispos se le concedió plenos poderes quedando limitado el campo de decisión de los sacerdotes a la más mínima expresión. Entre esos plenos poderes está el de los nombramientos pastorales, que anteriormente eran por oposición. Me pregunto si la situación actual es mejor que la de entonces. Además, durante el papado de Juan Pablo II se dio carta blanca a todo tipo de nuevos movimientos de corte neoconservador.

Difícil olvidar el esperpento de ver a un iluminado como Kiko Argüello predicar, sin saber lo que decía, y despreciando los más básicos principios teológicos, mientras algunos teólogos permanecían sentados y silentes me pareció un verdadero atentado intelectual que es más sangrante, si cabe, por darse dentro de la propia Iglesia.

Ahora, cuando la tormenta arrecia, muchos han intentado con más o menos suerte, cambiar de rumbo, otros directamente han abandonado el barco desolados y tristes y otros, los peores, amenazan con hundirlo si no se mantiene el rumbo fijo. Pero me temo que la Tierra no es plana y que la geometría euclidiana-europea-romana ya no sirve. Cada vez es más patente en la ciudad eterna que la geometría hiperbólica no romana ha llegado para quedarse.

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