Poema a la Madre, vida y amor.

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        A María Fabiola, mama mía y a toda madre.


Espléndida y diáfana; patena dadivosa hasta el alma,

que no renuncia al final, solo abre caminos surcando

hasta el infinito las fuentes del amor que todo calma,

gota que se agota en su viva misión de darse amando.

 

Ama la vida que en sus entrañas florece y en su sabia

esperanza, desvela la certeza que serán sus sendas pías

simiente de nuevos días, esa aurora que la siento mía;

¡Oh ternura!, majo arrullo que me elevas y te apropias

 

 de mi mente, y me guías cual aedo a cantar agradecido,

al Dios que nos ha parido en las entrañas de una mujer,

mi sumiso himno laudátrico, por ser  Siervo que nacido

de María, sufrió y nos enseñó a humillarnos para crecer,

 

    tal como nuestras madres que en su indeleble vocación 

    van agostando su vida para sentir a sus retoños florecer

    sabiendo que su oblación consumada es, si una ovación

   de paz y gratitud se escurre en los labios del visto nacer;

 

    y, hogaño que el destino la llama a luna menguante ser

   su místico brillo refulge cual sol de novísimo amanecer:

 

   ¡Madre amada, bendita seas!, en tu regazo logro renacer.                                                                        

                                                                                 Guido Bass