Papa Francisco: Yo también nací de una familia de migrantes, podía estar entre los descartados

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“En la noche de los conflictos, que cada uno de nosotros sea una vela encendida”

Papa Francisco: «También yo soy migrante, podía estar entre los descartados de hoy»; «la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro». Lo subrayó Papa Francisco en el videomensaje enviado «sorpresivamente», como subrayó el Vaticano, al encuentro internacional «TED2017 - The Future you» (El futuro eres tú) que se está llevando a cabo en Vancouver, Canadá

Un fotograma del video-mensaje del Papa al TED 


Pubblicato il 26/04/2017
Ultima modifica il 26/04/2017 alle ore 09:20
CIUDAD DEL VATICANO

«Que en la noche de los conflictos cada uno de nosotros sean una vela encendida. Hay mucho que hacer, y debemos hacerlo juntos. En el camino de los pueblos hay heridas provocadas porque en el centro está el dinero, están las cosas, no las personas». 

 

Con el tercer video-mensaje grabado en los últimos tres días (después del del domingo para la presentación de la «opera omnia» de don Milani y del martes 25 de abril para el viaje en Egipto), Papa Francisco, después de las tres de la mañana (hora de Roma) participó en el TED (Technology Entertainment Design) Talk de Vancouver, en Canadá. TED es una marca de conferencias estadounidenses administrada por la organización privada sin ánimo de lucro The Sapling Foundation. Desde 1990 es una conferencia anual que afronta temas científicos, culturales y académicos. 

 

Francisco dijo apreciar mucho el título «The future you», porque «mientras mira hacia el mañana, invita ya desde hoy al diálogo: mirando al futuro, invita a dirigirse a un “tú”. El futuro es hecho por ti, está hecho, pues, de encuentros». La vida, continuó, «no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro». 

 

El Papa después recordó que «al encontrar o escuchar a enfermos que sufren, a migrantes que afrontan tremendas dificultades buscando un futuro mejor, encarcelados que llevan el infierno en el propio corazón, personas especialmente jóvenes que no tienen trabajo, me acompaña a menudo una pregunta: ¿por qué ellos y yo no? Yo también —recordó el Papa— nací en una familia de migrantes: mi papá, mis abuelos, como muchos otros italianos, partieron para la Argentina y conocieron la suerte de quien se queda sin nada. Yo también habría podido estar entre los “descartados” de hoy. Por ello, en mi corazón permanece siempre esa pregunta: ¿por qué ellos y yo no?». 

 

Bergoglio dijo que espera que TED Talk «nos ayude a recordar que todos nos necesitamos los unos a los otros, que ninguno de nosotros es una isla, un yo autónomo e independiente de los demás, que solo podemos construir el futuro juntos, sin excluir a nadie». A menudo, explicó el Pontífice, «no pensamos en ello, pero en realidad todo está relacionado y necesitamos resanar nuestros vínculos, esa herida no curada, ese mal no perdonado, ese rencor que solo me hace mal, es un pedacito de guerra que llevo dentro, es una hoguera en el corazón que hay que apagar, para que no se convierta en un incendio y no deje cenizas».  

 

También indicó que espera que al crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas correspondan «también una equidad y una inclusión social cada vez mayores. ¡Qué bello sería si, mientras descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir la necesidad del hermano y de la hermana que orbital a mi alrededor! Qué bello sería que la fraternidad, esta palabra tan bella y a veces incómoda, no se redujera solo a asistencia social, sino que se convirtiera en una actitud de fondo en las decisiones a nivel político, económico, científico, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y los países». 

 

«Solo la educación a la fraternidad, a una solidaridad concreta —añadió—, puede superar la “cultura del descarte”, que no solo tiene que ver con comida y bienes, sino, antes que nada, con las personas que son marginadas por los sistemas tecno-económicos en donde al centro, sin darnos cuenta, a menudo no está el hombre, sino los productos del hombre». 

  

«Por el camino de los pueblos —observó— hay heridas provocadas porque en el centro está el dinero, están las cosas, no las personas. Y existe la costumbre de quien se considera “de bien” de no ocuparse de los demás, dejando a muchos seres humanos, a pueblos enteros, detrás, en el suelo por la calle. Pero hay también quienes dan vida a un mundo nuevo, ocupándose de los demás». 

 

El Papa observó que hay mucho que hacer «y debemos hacerlo juntos. En la noche de los conflictos que estamos atravesando, cada uno de nosotros puede ser una vela que recuerde que la luz prevalece sobre las tinieblas, y no al contrario». Para los cristianos, prosiguió Bergoglio, «el futuro tiene un nombre, y este nombre es esperanza. Tener esperanza no significa ser optimistas ingenuos que ignoran el drama del mal de la humanidad. La esperanza es la virtud de un corazón que no se encierra en la oscuridad, que no se detiene en el pasado, que no deja pasar el presente, sino que sabe mirar hacia el mañana. La esperanza es una semilla de vida humilde y oculta, pero que se transforma con el tiempo en un gran árbol; es como una levadura invisible, que hace que crezca toda la masa, que da sabor a toda la vida. Basta un solo hombre para que haya esperanza, y ese hombre puedes ser tú. Y luego hay otro “tú” y otro “tú”, y entonces nos volvemos “nosotros”». 

 

El tercer mensaje que Francisco quiso dejar tiene que ver con la «revolución de la ternura», es decir «el amor que se hace cercano y concreto. La ternura es usar los ojos para ver al otro, usar las orejas para escuchar al otro, para escuchar el grito de los pequeños, de los pobres, de los que temen el futuro; escuchar también el grito silencioso de nuestra casa común, la tierra contaminada y enferma. La ternura significa usar las manos y el corazón para acariciar al otro, para cuidarlo». 

 

«La ternura —dijo el Pontífice— es el lenguaje de los más pequeños, de los que necesitan al otro: un niño se afecciona y conoce al papá y a la mamá por las caricias, por las miradas, por la voz, por la ternura. A mí me gusta oír cuando el papá o la mamá le hablan a su niño pequeño, cuanto también ellos se vuelven niños, hablan como habla él, el niño. Esta es la ternura: abajarse al nivel del otro. También Dios se abajó en Jesús para estar a nuestro nivel». 

 

La ternura es la vía que recorrieron «los hombres y las mujeres más valientes y fuertes. No es debilidad la ternura, es fortaleza. Es la vía de la solidaridad, la vía de la humildad. Permítanme decirlo claramente: entre más potente eres, entre más impacto tienen tus acciones en la gente, más estás llamado a ser humilde. Porque de lo contrario el poder te arruina y arruinarás a los demás. En la Argentina se decía que el poder es como la ginebra en ayunas: te da vueltas la cabeza, te emborracha, te hace perder el equilibrio y te lleva a hacerte mal a ti mismo y a los demás, si no lo poner junto a la humildad y a la ternura. Con la humildad y el amor concreto, en cambio, el poder (el más alto, el más fuerte) se convierte en servicio y difunde el bien». 

 

El futuro de la humanidad, concluyó el Papa, «no está solo en las manos de los políticos, de los grandes líderes, de las grandes empresas. Sí, su responsabilidad es enorme. Pero el futuro está, sobre todo, en las manos de las personas que reconocen al otro como un “tú” y a sí mismos como parte de un “nosotros”. Nos necesitamos los unos a los otros. Y por ello, por favor, acuérdense de mí con ternura, para que desempeñe la tarea que me han confiado por el bien de los demás, de todos, de todos ustedes, de todos nosotros». 

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