Motivos para el filicidio: el progenitor asesina a su prole

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En la mente de un filicida: qué lleva a un padre a matar a su hijo

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Son los crímenes más difíciles de entender, pero ocurren con más frecuencia de la que se cree

Por venganza, para acabar con un obstáculo, por un trastorno mental, por vergüenza... La criminóloga Paz Velasco de la Fuente analiza las causas que hay detrás de los filicidios

El 25 de octubre de 1994, Susan Smith metió en el coche a sus hijos -Michael, de tres años, y Alexander, de 14 meses-, y condujo hasta un lago en Union County, Carolina del Sur. Salió del coche, quitó el freno de mano del vehículo y desde la orilla presenció cómo se hundía con ellos dentro. A continuación, se dirigió a la policía para denunciar que un hombre negro había robado el coche con los pequeños dentro. Durante los días siguientes apareció desesperada en varios programas de televisión rogando que le devolvieran a sus niños. Incluso recaudó dinero para pagar a detectives privados hasta que se derrumbó y acabó confesando que los había asesinado. Fue condenada a cadena perpetua.

Unos meses antes, su amante, un adinerado empresario, la había dejado por carta alegando que no quería ocuparse de dos niños pequeños. Para Susan Smith, sus hijos eran un obstáculo para la vida que anhelaba y los mató. Y no fue un caso excepcional, como demuestra la historia del crimen. Al fin y al cabo, una de las principales razones para cometer un asesinato es resolver un problema. Y para algunas personas, que la causa de ese problema sean sus hijos no es un impedimento para acabar con él.

"Susan Smith es una psicópata altamente manipuladora. Al entrar en prisión escribió una carta explicando que no era el monstruo que la prensa intentaba mostrar, aunque ni pidió perdón ni mostró arrepentimiento", analiza la criminóloga y abogada Paz Velasco de la Fuente, que observa "un parecido asombroso" entre el comportamiento de esta madre estadounidense y el de la dominicana Ana Julia Quezada, la asesina confesa del niño Gabriel, hijo de su pareja sentimental, al que mató el pasado febrero en Almería.

Para Ana Julia, Gabriel también representaba una piedra en su camino. Retenía a su padre en España y le impedía cumplir sus deseos de irse a vivir con él a República Dominicana.

"En sus cartas a la prensa las dos justifican sus actos, como hacen un alto porcentaje de las mujeres que cometen un asesinato. La similitud del contenido de sus misivas es escalofriante. Pero son palabras vacías, que pronuncian porque creen que es lo que deben decir. Los psicópatas se saben la letra pero no se saben la música", afirma la autora de Criminalmente (Editorial Ariel), un libro en el que analiza las conductas de los asesinos para intentar responder a una pregunta fundamental: ¿por qué el ser humano mata?

"Hay tantas razones para cometer un delito como personas", asegura Velasco, que se hizo criminóloga "porque quería intentar entender por qué determinadas personas cruzan esa línea irreversible" y matan a otro ser humano. "Mucha gente cree que mi trabajo es como en CSI, y no. A diferencia de los criminalistas, que investigan los crímenes, los criminólogos estudiamos el comportamiento delictivo y entre otras cuestiones, intentamos prevenir esos delitos", aclara. En definitiva, evitar que esas personas lleguen a dar ese paso. "Nadie nace predestinado a matar pero es innegable que hay gente predispuesta a cometer actos malvados".

Robert Hare, especialista en psicopatía, estima que un 1% de la población mundial es psicópata. "Conviven y trabajan con nosotros, son nuestras parejas, amigos, vecinos... se les ha llamado personas tóxicas o depredadores emocionales y, para conseguir lo que quieren, están dispuestas a cualquier cosa. También a matar, pero hay que aclarar que, aunque se tenga un trastorno antisocial de la personalidad, lo que antes se llamaba psicopatía, no todos son crueles asesinos", matiza Velasco.

Y es que, a pesar de lo que mucha gente cree, "matar no es fácil. Hay que romper con el tópico de que lo es. Es verdad que en situaciones de estrés, en las que tengamos miedo o queramos proteger a un familiar o a nosotros mismos, podemos matar. Pero asesinar con frialdad, alevosía y ensañamiento no lo puede hacer cualquiera", asegura.

Parece que siempre ha habido asesinatos, -en el yacimiento de Atapuerca (Burgos) se han encontrado las pruebas del crimen más antiguo documentado hasta ahora, un individuo asesinado hace 430.000 años-. Pero no por haber acompañado al hombre a lo largo de la historia dejan de impactarnos. Unos más que otros, eso sí. Como los asesinatos en serie y los de miembros de la propia familia.

A la sociedad le costó asimilar, por ejemplo, que alguien como Jack el destripadoractuara de forma despiadada y cruel con mujeres desconocidas pero, ¿y cuándo esa crueldad se proyecta sobre una persona conocida o incluso un familiar?, se pregunta Velasco de la Fuente. "Podemos llegar a entender, a racionalizar, que alguien mate a un desconocido por múltiples motivos pero seguimos sin entender cómo una madre o un padre puede matar a sus propios hijos. Por muchos casos que haya, es un crimen que no entenderé nunca y de los que más me impactan, sobre todo cuando la asesina es la madre", reflexiona.

Este tipo de asesinatos se denominan filicidios y son mucho más frecuentes de lo que se suele pensar o queremos creer. Quizás porque los que han causado una gran conmoción en la sociedad han sido los más mediáticos. Muchos otros han pasado a la historia del crimen como una breve crónica de sucesos.

El último caso conocido ha ocurrido esta misma semana en EEUU: Anna Mae Blessing, de 92 años, mató a tiros a su hijo, de 72, con el que vivía, para evitar que la internara en una residencia de ancianos.

No obstante, la mayoría de filicidios se produce cuando los hijos son niños o adolescentes. Entre los casos más impactantes que ha habido en España destaca el caso de José Bretón (que mató y quemó en Córdoba a sus dos hijos, Ruth y José); el asesinato de la niña Asunta a manos de sus padres adoptivos, Rosario Porto y Alfonso Basterra, en Galicia; el de David Oubel, el parricida de Moraña, que degolló con una radial a sus dos hijas; o el de Francisca Ballesteros, apodada la envenenadora de Melilla porque mató a su esposo y a dos de sus hijos con medicamentos que les suministraba a diario.

Desde 2012 han muerto en nuestro país al menos un centenar de niños por causas violentas. El 36% de estas muertes se produjeron por violencia de género, el 24% a manos de sus madres y el 7% por suicidio, según datos de la organización Save The Children, que reclama que nuestro país cuente con una Ley de erradicación de la violencia contra la infancia.

En EEUU, un país con 325 millones de habitantes, las cifras se disparan. Un estudio publicado en la revista Forensic Science International analizó los filicidios ocurridos en ese país entre 1976 y 2007, concluyendo que cada año se produjo medio millar de asesinatos de niños a manos de sus progenitores. Globalmente, el 2,5% de los crímenes registrados durante esos 32 años fueron filicidios.

En el 57,4% de los 15.691 casos estudiados, el asesino fue un hombre frente al 42,6,% de mujeres. El 90% de los filicidios fue cometido por los padres biológicos y sólo el 10% de los crímenes fueron perpetrados por los padrastros o madrastras.

Pero dentro del filicidio se pueden diferenciar varias categorías, recuerda Velasco de la Fuente. Además, asegura que hombres y mujeres suelen matar de forma distintay, con frecuencia, por distintas razones. "Las mujeres no suelen usar la violencia física y no quieren ver sangre, aunque hay excepciones. Son más insidiosas, matan más lentamente, planifican, tienen mucha paciencia y un alto porcentaje justifica sus asesinatos", señala.

El llamado neonaticidio se produce durante las 24 horas posteriores al parto y es cometido siempre por las madres: "Las razones son variadas y van desde la vergüenza social a la no aceptación por parte de la familia, o la falta de capacidad económica para atenderlo", explica la criminóloga. La mayoría de los infanticidios son cometidos por personas sin problemas mentales, según concluyó en 2010 una investigación de Theresa Porter y Helen Gavin tras analizar datos de 40 años.

Sin embargo, la enfermedad mental está detrás de muchos filicidios, ya sea porque el progenitor tiene un trastorno diagnosticado o bien o porque sufre un brote psicótico. Una investigación liderada por Dominique Bourget y publicada en 2007 en la revista Journal of the American of Psychiatry and the Law reveló que un porcentaje significativo de padres y madres que asesinan a sus hijos tienen una enfermedad mental, una red social limitada y un historial previo de abusos.

Otro estudio, éste realizado en Holanda, también concluía que, a menudo, las personas que cometen un filicidio sufren problemas psiquiátricos y advertía que un padre o una madre con un trastorno suponía un factor de riesgo para sus hijos. En concreto, el problema que con más frecuencia se detectó entre los 70 casos analizados entre 1992 y 2001 fue la existencia de carencias afectivas, acompañadas o no de rasgos psicóticos. En segundo lugar, la esquizofrenia. Además, este equipo destacaba que, con frecuencia, la inteligencia de los padres asesinos estaba por debajo de la media.

Al principio mencionábamos los asesinatos de hijos no deseados, que son vistos por sus padres como un estorbo o un impedimento para llevar la vida que desean, como le ocurrió a Susan Smith. Ésta fue también, según Velasco de la Fuente, la motivación de Francisca Ballesteros, que pacientemente y a lo largo de 14 años envenenó a su familia suministrándoles poco a poco sedantes en Melilla.

La venganza es otro de los principales motivos para asesinar a un hijo. "Hay mucha gente que perdona a quien le hace daño o le quita algo que quiere y olvida, pero la mayoría de los humanos quiere justicia y venganza", señala la criminóloga.

"Los hombres normalmente tienen una razón muy primigenia, que es vengarse de su pareja. 'Me has dejado o me vas a dejar, o me estás pidiendo el divorcio, ¿cómo puedo hacerte daño?' La forma más cruel es arrebatándole a sus hijos", explica. Los casos de José Bretón y David Oubel, que degolló a sus hijas con una sierra radial, entrarían en esta categoría.

Por otra parte, está el llamado filicidio altruista, que se da tanto en hombres como en mujeres que creen que están haciendo lo mejor para sus hijos. Dentro de esta categoría, Velasco diferencia dos situaciones distintas: "Está el padre o la madre que no tiene ganas de seguir viviendo, sufre un episodio de depresión muy importante y tiene miedo de dejar a sus hijos solos, así que los asesina. Muchos especialistas lo llaman suicidio ampliado", explica.

"En otros casos, el hijo padece una enfermedad y el progenitor cree que no va poder tener una vida digna o normalizada, así que decide acabar con su vida para que no sufra". Fue el caso de Katharina Katit-Stäheli, una mujer suiza que en 2014 acuchilló en el Hospital de Torrevieja e a su bebé de 10 meses, que padecía hidrocefalia.

Tras cometer el asesinato, es bastante frecuente que el padre o la madre se suicide o lo intente, porque muchos no lo logran. Entre aquellos que siguen con vida tras el filicidio, dice la criminóloga, el arrepentimiento no es habitual: "Su personalidad ayuda porque uno de los rasgos de la psicopatía es la falta de empatía", asegura. No obstante, añade, "sí ha habido mujeres que no han logrado quitarse la vida tras cometer un filicidio y han mostrado un gran arrepentimiento porque han sido conscientes de lo que han hecho".

Tampoco lo logró Anna Mae Blessing, la anciana estadounidense de 92 años que ha matado esta semana a su hijo para evitar que la llevara a una residencia. Tras su fallido intento de suicidio, ha pedido que la ejecuten.