La eutanasia obedece a la secularización no va con la civilización

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El Papa: la eutanasia no es una opción de civilización

Francisco recibió a la Congregación de la Doctrina de la Fe, que está concluyendo, entre otras cosas, estudios sobre las implicaciones éticas en el «campo económico-financiero»
REUTERS

El Papa Francisco


Pubblicato il 26/01/2018
Ultima modifica il 26/01/2018 alle ore 15:45
CIUDAD DEL VATICANO

  

El «crecimiento de la solicitud de eutanasia» que es consecuencia del «proceso de secularización» ha llevado a considerar «la voluntaria interrupción de la existencia humana como una opción de ‘civilización’». Lo denunció el Papa Francisco en la audiencia que concedió hoy por la mañana a la asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que afirmó que «allí donde la vida vale no por su dignidad, sino por su eficiencia y por su productividad, todo ello se vuelve posible». El Pontífice latinoamericano subrayó que la misión del dicasterio tiene un «rostro eminentemente pastoral» y reveló con satisfacción que está acabando estudios sobre «las implicaciones éticas de una adecuada antropología también en el campo económico-financiero». 

  

Durante la sesión plenaria, el dicasterio guiado desde hace pocos meses por el jesuita Luis Francisco Ladaria ha profundizado, además, otras cuestiones «delicadas sobre el acompañamiento de los enfermos terminales. Al respecto –dijo el Papa– el proceso de secularización, absolutizando los conceptos de autodeterminación y de autonomía, ha implicado en muchos países un crecimiento de la solicitud de eutanasia como afirmación ideológica de la voluntad de poder del hombre sobre la vida. Ello ha llevado también a considerar la voluntaria interrupción de la existencia humana como una opción de ‘civilización’. Está claro que allí donde la vida vale no por su dignidad, sino por su eficiencia y por su productividad, todo ello se vuelve posible. En este escenario hay que reiterar que la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural, posee una dignidad que la hace intangible. El dolor, el sufrimiento, el sentido de la vida y de la muerte son realidades que a la mentalidad contemporánea le cuestan afrontar con una mirada llena de esperanza. Sin embargo, sin una esperanza confiable que lo ayude a afrontar incluso el dolor y la muerte, el hombre no logra vivir bien ni conservar una perspectiva confiada frente a su futuro. Este es uno de los servicios que la Iglesia está llamada a ofrecer al hombre contemporáneo». 

  

Francisco agradeció a la Congregación para la Doctrina de la Fe por su compromiso en «todas las varias cuestiones que hoy exigen un discernimiento pastoral importante, como en el examen de los casos sobre los “graviora delicta” y de las solicitudes de disolución del vínculo matrimonial “in favorem fidei”», tarea mucho más esencial hoy puesto que el hombre «ya no sabe quién es y, por lo tanto, fatiga en reconocer cómo actuar bien. En este sentido, es decisiva la tarea de su Congregación en recordar la vocación transcendente del hombre y la inseparable conexión de su razón con la verdad y el bien, a la que introduce la fe en Jesucristo». Por ello, indicó Francisco, «aprecio el estudio el estudio que han emprendido sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, para reafirmar el significado de la redención ante las hodiernas tendencias neo-pelagianas y neo-agnósticas, expresión de un individualismo que confía salvarse con sus propias fuerzas». 

  

El Pontífice argentino también mencionó «los estudios que están llevando a término sobre las implicaciones éticas de una adecuada antropología también en el campo económico-financiero. Solamente una visión del hombre como persona, es decir como sujeto esencialmente relacional y connotado por una peculiar y amplia racionalidad, es capaz de actuar conforme al orden objetivo de la moral. El Magisterio de la Iglesia siempre ha insistido claramente, al respecto, que “la actividad económica debe ser conducida según las leyes y los métodos propios de la economía, pero en el ámbito del orden moral”», dijo el Papa citando la “Gaudium et Spes”. 

  

La misión del ex Santo oficio, concluyó Bergoglio, «asume un rostro eminentemente pastoral. Pastores auténticos son aquellos que no abandonan al hombre a sí mismo, ni lo dejan presa de su desorientación y de sus errores, sino con verdad y misericordia lo llevan a reencontrar su rostro auténtico en el bien. Auténticamente pastoral es pues toda acción tendida a tomar de la mano al hombre, cuando ha perdido el sentido de su dignidad y de su destino, para conducirlo con confianza a redescubrir la paternidad amorosa de Dios, su destino bueno y las sendas para construir un mundo más humano. Ésta es la gran tarea que espera a su Congregación y a toda institución pastoral en la Iglesia». 

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