La corrupción en la conciencia no deja lugar ni para el aire, Papa Francisco

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Francisco: ¿jueces y testigos corruptos? Siempre han existido

El Papa en Santa Marta: «Misericordia y perdón, la plenitud de la ley de Jesús»; la corrupción «es cuando el pecado entra a la conciencia y no deja sitio ni para el aire» 

Francisco: ¿jueces y testigos corruptos? Siempre han existido


Pubblicato il 03/04/2017
Ultima modifica il 03/04/2017 alle ore 12:49
CIUDAD DEL VATICANO

Papa Francisco renovó su invitación a no juzgar «en el corazón a los demás». Exhortó a perdonar y después precisó: la plenitud de la ley, la verdadera justicia, es Jesús con su Misericordia, con su Perdón. Lo afirmó el Pontífice durante la misa matutina de hoy, 3 de abril de 2017, en la capilla de la Casa Santa Marta, según refirió la Radio Vaticana. 

 

Francisco meditó sobre el Evangelio de hoy, en el que se lee que el Hijo de Dios responde a los que acusan a la mujer adúltera: «Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra contra ella». El Obispo de Roma reflexionó también sobre la Lectura del libro del profeta Daniel, dedicada a la figura de Susana, contra la que dos ancianos jueces del pueblo (explicó Francisco) organizaron un «adulterio falso, ficticio». Ella se ve obligada a decidir entre la «fidelidad a Dios y a la ley» y «salvar la vida». Como sea, permenece fiel al marido, recordó Francisco, aunque fuera una mujer que hubiera cometido otros pecados, «porque todos somos pecadores» y «la única mujer que no tiene pecado es la Virgen». 

 

En los dos episodios están presentes «la inocencia, el pecado, la corrupción y la ley», porque en «ambos casos los jueces eran corruptos». Por lo tanto, frente a los pecados y la corrupción, la única «plenitud de la ley» es Jesús. 

 

Papa Bergoglio observó: «Siempre ha habido en el mundo jueces corruptos... También hoy, en todas partes, existen. Y estos... ¿Por qué viene la corrupción en una persona? Porque una cosa es el pecado: “Yo he pecado, resbalo, soy infiel a Dios, pero luego trato de no hacer más o trato de arreglarme con el Señor o, por lo menos, sé que no está bien”. Pero la corrupción es cuando el pecado entra, entra, entra, entra en tu conciencia y no deja lugar ni para el aire». 

 

Y los que son corruptos creen «con impunidad» que se comportan bien. En el caso de Susana, los jueces «habían sido corrompidos por los vicios de la lujuria» y la amenazaron con dar «falso testimonio» en su contra. Pero cuidado: no es «el primer caso», en la Biblia hay otros falsos testimonios: justamente Jesús es «condenado a muerte con un falso testimonio». 

 

En el caso de la verdadera adúltera, la acusan los jueces que «habían perdido la cabeza» alimentando en ellos una interpretación de la ley «tan rígida que no dejaba espacio al Espíritu Santo». Se trata, según el Papa, de «corrupción de legalidad, de legalismo, contra la gracia». 

 

Y luego, del otro lado, está el Hijo del Señor, único verdadero Maestro de la ley. Nada que ver con los falsos jueces que tienen «pervertido el corazón» o que comunican sentencias injustas «oprimiendo a los inocentes y absolviendo a los malvados». Cristo «dice pocas cosas, pocas cosas. Dice: “Quien esté libre de culpa, que arroje la primera piedra”. Y a la pecadora: “Yo no te condeno. Ya no peques más”». Esta, insistió Francisco, es la «plenutid de la ley, no la de los escribas y fariseos que habían corrompido la mente creando tantas leyes, muchas leyes, sin dejar espacio a la misericordia. Jesús es la plenitud de la ley y Jesús juzga con misericordia». 

 

Francisco exhortó a pensar en la maldad «con la que nuestros vicios juzgan a la gente: también nosotros juzgamos a los demás, ¿eh? ¿Somos corruptos? ¿O todavía no? Deténganse, detengámonos. Y veamos a Jesús –concluyó– que siempre juzga con misericordia. “Ni siquiera yo te condeno. Ve en paz y ya no peques más”». 

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