El papa Francisco, pastor que busca a las ovejas perdidas

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Francisco: “¿Cómo están mis chicas?”

Una sorpresa en el Jubileo del Voluntariado. El Papa se reúne en San Pedro con los sacerdotes y los agentes de la comunidad que ofrece asistencia a las ex-prostitutas; preguntó, además, por las veinte mujeres a las que visitó hace un mes en Pietralata
ANSA

Papa Francisco el 12 de agosto en la Comunidad Papa Juan XXIII de Pietralata con algunas chicas liberadas de la esclavitud y de la prostitución


07/09/2016
CITTÀ DEL VATICANO


El pasado viernes 12 de agosto Francisco las conoció en la comunidad Papa Juan XXIII, el sábado pasado (en el Jubileo del voluntariado y de los agentes de misericordia) les preguntó por ellas a los sacerdotes y a los voluntarios que las arrancaron de las redes del tráfico de personas y de la explotación. Una sorpresa en la Plaza San Pedro, a la vigilia de la canonización de la Madre Tersa de Calcuta. Al final del encuentro de oración y de la catequesis dedicada al tercer sector, el Pontífice reconoció entre la multitud a don Aldo Buonaiuto, quien, con los animadores de la asociación que fundó don Oreste Benzi, recibió su visita sorpresa.

En el ámbito de los «viernes de la misericordia», Jorge Mario Bergoglio se reunió con 20 mujeres que fueron liberadas de la esclavitud de las mafias de la prostitución; se encuentran en la estructura romana de la Comunidad Papa Juan XXIII. Por ello, saltándose el protocolo, el sábado pasado Francisco fue a informarse sobre la situación de «sus chicas».

Seis de ellas son de Rumania, 4 de Albania, 7 de Nigeria y las otras tres, respectivamente, de Túnez, Italia y Ucrania. Tienen una edad promedio de 30 años: todas ellas sufrieron graves violencias físicas y viven bajo protección. Recordando sus nombres, Francisco pidió información sobre cada una de ellas y dijo que quedó «profundamente afectado y conmovido» con las conversaciones que sostuvo con las ex-prostitutas. Quiso saber cómo estaban y cómo iba evolucionando su situación, por la que se interesó personalmente. Caso por caso, el Papa pidió información sobre los problemas personales que le habían contado las huéspedes de la estructura.

Al lado de ellas estaban el pasado 12 de agosto el responsable general de la Comunidad Papa Juan XXIII, Giovanni Paolo Ramonda, el asistente espiritual, don Aldo Buonaiuto, dos agentes sociales y la responsable del departamento que se encuentra en la zona norte de Roma. «Les pido perdón por todos esos hombres que las hicieron sufrir», dijo Francisco dirigiéndose a las mujeres que reciben la asistencia de la ong católica.

Con su visita a la estructura de Pietralata, Francisco quiso hacer un nuevo llamado a las conciencias para combatir la trata de seres humanos, tantas veces definida por el Pontífice como «un delito contra la humanidad» y «una llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea, una llaga en el Cuerpo de Cristo». Con este gesto, Francisco subrayó que la Misericordia no es una palabra abstracta, sino una acción concreta con la que hay que comprometerse para volver a dar dignidad a las personas que son sometidas a nuevas formas de esclavitud.

En enero de este año, el Pontífice visitó una casa de reposo para ancianos y una para enfermos en estado vegetativo en Tor Spaccata; en febrero fue a ver a una comunidad de tóxico-dependientes en Castelgandolfo; en marzo (el Jueves Santo) visitó el Centro de Acogida para Prófugos Cara de Castelnuovo di Porto; en abril, la visita a los prófugos y migrantes en la isla de Lesbos; en mayo, la comunidad del «Chicco» para personas con graves enfermedades mentales en Ciampino; en junio visitó dos comunidades romanas para sacerdotes ancianos y enfermos. El viernes 29 de julio, durante el viaje a Polonia, el Papa vivió su «Viernes de la Misericordia» con la oración silenciosa en Auschwitz-Birkenau, con la visita a los niños enfermos del hospital infantil de Cracovia y con el Via Crucis con los jóvenes de la JMJ, durante el que participaron jóvenes sirios, iraquíes y de otras zonas del mundo en las que se viven guerras y sufrimientos. 

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