“Los jóvenes están indignados por los escándalos sexuales y económicos en la Iglesia”

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“Los jóvenes están indignados por los escándalos sexuales y económicos en la Iglesia”

El Papa en Tallin, durante el encuentro en la Kaarli Lutheran Church: es más fácil para nosotros hablar y aconsejar que escuchar y dejarnos interrogar por lo que ustedes viven
ANSA

El Papa Francsico durante el encuentro con los jóvenes de Estonia 

Pubblicato il 25/09/2018
Ultima modifica il 25/09/2018 alle ore 11:38
ENVIADO A TALLIN 

Algunos jóvenes «sienten la presencia de la Iglesia como algo molesto y hasta irritante. Les indignan los escándalos económicos y sexuales ante los que no ven una firme condena, el no saber interpretar adecuadamente la vida y la sensibilidad de los jóvenes por falta de preparación, o simplemente el rol pasivo que les asignamos». Francisco se reúne en Tallin con los jóvenes cristianos de las confesiones evangélica, ortodoxa y católica en la Kaarli Lutheran Church, que se encuentra sobre una colina.Hablando con ellos se refiere a los escándalos que hieren a la Iglesia y alejan a las jóvenes generaciones de ella. 

  

Tres jóvenes describieron sus vidas mientras el Papa escuchaba. Lisbel, luterana de 18 años, narró una vida difícil, con un padre alcohólico y violento y el reciente descubrimiento de la fe, con la que ha podido «encontrarla alegría». Tauri, ortodoxo, explicó que los ateos tenían razón al decirle que se había construido una idea de Dios completamente propia, mientras ahora conoce su verdadero rostro gracias a la teología. Para concluir, Mirko, católico, director artístico, que le preguntó al Papa cómo mantener el alma pura y tomar las decisiones correctas. 

 

REUTERS

  

Francisco invitó a sentirse «como peregrinos que recorren juntos el camino», aprendiendo «a confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas, mirando solamente lo que en realidad buscamos: la paz en el rostro del único Dios. Y como la paz es artesanal, confiarse al otro es también algo artesanal, y es fuente de felicidad». 

  

«A ustedes, jóvenes, les sucede a menudo –dijo Bergoglio– que los adultos que tienen cerca no saben lo que quieren o esperan de ustedes; o a veces, cuando los ven muy alegres, desconfían; y si los ven angustiados, relativizan lo que les pasa». Francisco citó el inminente Sínodo de los jóvenes, que comenzará el 3 de octubre en el Vaticano, refiriéndose seriamente al deseo que tienen los chicos de ser acompañados y escuchados. «Nuestras iglesias cristianas —y me animo a decir que todo proceso religioso estructurado institucionalmente— a veces arrastra estilos donde nos ha sido más fácil hablar, aconsejar y proponer desde nuestra experiencia, que escuchar, dejarnos interpelar e iluminar desde lo que vosotros vivís. Sabemos que vosotros queréis y «esperáis ser acompañados no por un juez inflexible o por un padre temeroso y sobreprotector que crea dependencia, sino por alguien que no tiene miedo de su propia debilidad y sabe hacer resplandecer el tesoro que, como recipiente de barro, protege dentro de sí».  

 

Pero, recordó Francisco, «cuando una comunidad cristiana es cristiana de verdad no hace proselitismo. Solo escucha, recibe, acompaña y hace camino, pero no impone». 

 

 
 

«Hoy aquí deseo decirles –añadió el Papa– que queremos llorar con ustedes si están llorando, acompañar con nuestras palmas y nuestra risa sus alegrías, ayudaros a vivir el seguimiento del Señor». Los adultos necesitan verdaderamente convertirse y descubrir que para estar al lado de los «debemos revertir tantas situaciones que son, en definitiva, las que los alejan». 

  

«Sabemos (así nos lo han dicho) que muchos jóvenes no nos piden nada porque no nos consideran interlocutores significativos para su existencia –reconoció el Papa argentino. Algunos incluso, piden que los dejemos en paz, sienten la presencia de la Iglesia como algo molesto y hasta irritante. Les indignan los escándalos económicos y sexuales ante los que no ven una firme condena, el no saber interpretar adecuadamente la vida y la sensibilidad de los jóvenes por falta de preparación, o simplemente el rol pasivo que les asignamos».  

  

«Queremos responder» a las peticiones de los jóvenes, afirmó Francisco, «queremos, como ustedes mismos lo expresan, ser una “comunidad transparente, acogedora, honesta, atractiva, comunicativa, asequible, alegre e interactiva”. Es decir una comunidad sin miedos, los miedos nos cierran. Los miedos nos impulsan a ser proselitistas; y la fraternidad es otra cosa, el corazón abierto, el abrazo fraterno». El Papa recordó que «Jesús sigue siendo la razón de ser para estar aquí». 

  

«Una famosa cantante vuestra, hace unos diez años decía en una de sus canciones: “El amor ha muerto, el amor se ha ido, el amor ya no vive aquí”. ¡No, por favor, hagamos que el amor esté vivo, y todos nosotros debemos hacerlo!», pero, insistió Francisco, frente a los esfuerzos de los jóvenes, que «ven que se termina el amor de sus padres, se disuelve el amor de pareja apenas casados, experimentan el desamor cuando a nadie le importa que tengan que emigrar a buscar trabajo o se los mire de reojo por ser extranjeros. Pareciera que el amor ha muerto, pero nosotros sabemos que no, y tenemos una palabra que decir, algo que anunciar, con pocos discursos y muchos gestos. Porque ustedes son la generación de la imagen y de la acción sobre la especulación, la teoría». 

  

Acoger «juntos esa novedad que trae Dios a nuestra vida» fue la invitación final del Papa, «esa novedad que nos empuja a partir una y otra vez, para ir allí donde está la humanidad más herida. Allí donde los hombres, más allá de la apariencia de superficialidad y conformismo, siguen buscando una respuesta a la pregunta por el sentido de sus vidas. Pero nunca iremos solos: Dios viene con nosotros». Y, añadió antes de despedirse, que hay que estar abiertos a «las sorpresas del Señor; el Señor nos sorprende porque la vida nos sorprende siempre. Sigamos adelante para salir al encuentro de estas sorpresas». 

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